Un poco de nuestra historia...

Los antecedentes estadisticos recogidos en el Diccionario Geografico de Sebastian de Minano, que fue editado en 1827, indican que, en el primer tercio de la decimonovena centuria, Rioseco tenia 100 vecinos, que suponian 397 habitantes; que en Espinosa habia 90, equivalentes a 296 almas, y que en Tapia estaban avecindados 60, que correspondian a 237 personas . Entre 1845 y 1850, Pascual Madoz nos describe Rioseco como un lugar que pertenecia al Ayuntamiento de Benllera y a la Diocesis de Oviedo, de clima sano, situado en un llano cuyo terreno mas bajo siempre se ha regado con las aguas del rio Luna, abundante en arbolado, productor de trigo, centeno, cebada, legumbres, hortaliza, lino y pastos, con 65 casas y 264 personas, una iglesia parroquial dedicada a Santa Marina y dos ermitas .

Siguiendo a Madoz, la villa de Espinosa al igual que Tapia de la Ribera dependian de la misma administracion municipal y eclesiastica que Rioseco, si bien Espinosa cuenta con una existencia anterior a 1211, localizada, en origen, en el pago que se conoce como de La Quemada, nombre que recibe por haber sufrido el primitivo pueblo un incendio en 1655. En cualquier caso, su casar se levanta en la orilla izquierda del llamado rio Ordas, que fertiliza unas tierras de las que se obtenian trigo, lino, cebada, centeno y garbanzos con alguna otra legumbre. Tampoco faltaba ganado vacuno, ovino, caprino y caballar. Climaticamente era considerado un lugar sano, donde vivian 450 almas en 80 casas.

En cuanto a Tapia de la Ribera, tambien se encuentra en el mismo llano pero en la margen izquierda del rio Luna, situacion que ha facilitado a lo largo de los siglos el riego de legumbres, hortalizas, lino y pastos; ademas, se cultivaba cereal de secano. En aquellos mismos tiempos que mediaban el siglo XIX, el clima fue considerado saludable, y se cifro la existencia de 50 casas, 200 personas, una iglesia dedicada a Santa Eulalia y una ermita de la que hoy quedan unos minimos restos, arruinada por una avenida de agua del reguero de La Mata.

Historicamente, aparece citada en la documentacion en torno al 1008, pero la villa adquiere interes e importancia en 1451, momento que don Pedro Gonzalez de Guzman, que poseia este mayorazgo, lo permuta por el Concejo de Lillo. Por tal motivo, se considera que la torre caracteristica de Tapia fue construida entre 1451 y 1543, segun figura en un pleito entre Gonzalo de Tapia y el Conde de Luna .

En el 1885, en el diccionario de Pablo Riera se constata que estos pueblos seguían perteneciendo a la Diocesis de Oviedo. Rioseco albergaba, en esa fecha, 1.193 habitantes, un crecimiento que llamo la atencion del autor, y 349 edificios de los que 70 estaban deshabitados. Espinosa, por esa epoca, habia alcanzado 350 habitantes, estaban construidos 96 edificios, de los cuales 10 se encontraban inhabitados, y Tapia contaba con 220 habitantes y 65 edificios de los que 11 no estaban ocupados .

Aquella boyante epoca nada tiene que ver con la que se vive en la actualidad, pues el censo de 1999 muestra que en Rioseco había 155 hombres y 148 mujeres; en Espinosa, 79 hombres y 69 mujeres, y en Tapia, 74 hombres y 59 mujeres, lo que supone un total de 314 varones y 280 mujeres, cifras que han ido variando por la perdida continuada de poblacion ante la busqueda de otras alternativas laborales y de mejora de la existencia.

La bonanza economica de los sesenta fue diluyendose a medida que avanzaba el siglo XX. Profundos cambios se han generado en las ultimas tres decadas, a lo largo de los cuales ha sido más que notoria esa perdida de vecinos, al menos en esta parte de la ribera, y el envejecimiento del contingente humano, dedicado secularmente en su gran mayoría a la actividad del sector primario, con una reduccion de los efectivos en un 50% y descendiendo la densidad de poblacion a 8 habitantes por km2 a comienzos del siglo XXI.

El territorio se asienta sobre sedimentos terciarios y mesozoicos, cuyos materiales están formados por arcillas con limos, conglomerados poligenicos y arcillas con margas.

La altitud se cifra en 972´3 m, teniendo el punto más alto del contorno en la Venta de la Cruz, donde confluyen los lindes de los terminos de Rioseco, Espinosa y El Ferral.

Sus ombrotipos se situan dentro de la region mediterranea, con valores subhumedo medio (736-865 mm) al norte de Rioseco, y subhumedo inferior (601-735 mm) en el resto. Por lo que se refiere a los termotipos, el termino se encuadra en el ambito de la region mediterranea, con amplio predominio del supramediterraneo medio.

El mapa de vegetacion lo componen prados naturales en el fondo del valle, de meloja y brezal en gran parte de la superficie, una minima area de secano en las partes altas, monte de roble cuya roturacion fue tardia, y repoblacion forestal de pinos en el area de Camposagrado.

El total del territorio supone 7.295 hectareas, de las cuales, segun datos del 2000, se distribuyen entre un 12,50% de tierras de cultivo, 18,24% de prados y pastizales, 42,82% de superficie forestal y 26,42% de otro tipo de terreno . Predominaba, entonces, el sector primario, con algun escarceo en el intento de explotar in illo tempore unas minas en las proximidades de Tapia, que se decía contenian oro y que hicieron despertar quimeras.

La propiedad del terrazgo era y es minifundista, consecuencia del sistema tradicional de distribuir las heredades en partijas equitativas para cada uno de los herederos. A esto contribuye la ausencia de concentracion parcelaria, como es notorio en Tapia. Se dividian en tierras de secano y de regadio, subdivididas estas ultimas segun la calidad en tierras de primera, segunda y de tercera. De dimensiones inferiores a una hectarea, considerandose mejores las que se localizaban en la cercanias al rio. Entre ellas habia derechos de paso y derechos de riego cuando el regadio se hacia mediante regueros, hechos con un paleton, y matrices de la que nacían las torcas que distribuian el agua por los prados. No asi, como es logico, cuando en la propia finca se perforaban pozos a pico , de los que solia manar agua a partir de dos metros de profundidad. Sobre ellos se instalaron norias y motores de riego como el de la marca MC (Miguel Cieza), que fue de los primeros en comprarse por el municipio.

En el arriendo de las tierras pocas veces mediaba documento escrito, comprometiendose las partes unicamente de palabra, realizandose el pago de la renta una vez recogidas las cosechas.

La organizacion de este minifundio se baso en un policultivo intensivo en el que se admitieron distintas combinaciones de productos: centeno, trigo, garbanzos, trebol, patatas, remolacha, lupulo, algarroba e incluso menta. El trebol, que se sembraba en primavera, se mezclaba con trigo; la algarroba, que se destino para alimento de los cerdos, se mixturaba con centeno; en las parcelas donde se habian cultivado patatas, una vez recogida la cosecha, se araban de segunda para sembrarlas a brazo tirado de ferren , centeno tremesino o trigo, cuando la tierra estaba temperiosa. Despues se pasaba el cebato. A la hora de sembrar el trigo, la simiente se encareaba durante veinticuatro horas en una disolucion de agua con piedra lipe.

Las suertes del monte que eran secano, una vez retirado en abril el ferren que habia nacido en ellas, se araban con arado de vertedera; a los quince dias se daba la vuelta a la tierra y se allanaba con el cebato. A principios de junio se abonaba y de nuevo se volteaba con un arado de hierro. Cuando llovia o amenazaba nube, ante la probabilidad de recibir agua, se aprovechaba para plantar y cultivar berzas.
Las parcelas dedicadas a huerta/o, normalmente con una superficie entre 200 y 500 metros cuadrados, formaban parte del propio espacio de las poblaciones, pues se imponia, en razon de su uso, la perentoria necesidad de estar proximas a las viviendas. Recibian un especial cuidado por ser fundamentales en el suministro de productos horticolas y frutales , razon por la que solian cerrarse con paredes de mamposteria de canto rodado o tapial protegidas con bardas.

La presencia de ganaderia, aunque exigua, tambien contribuyo a la formacion del paisaje actual. La necesidad de procurar alimento a los animales durante la invernada, genero el cultivo de pastizales, asi como el uso del monte para el ramoneo. El cerramiento o cierros con alambre de espino o seto vivo conformado por hileras de chopos y paleras, que a su vez servian de provision maderera, dibujaban las divisorias entre mojon y mojon de esas parcelas que servian para obtener hierba o para ser utilizadas como pacion de los ganados, sobre todo para el vacuno y el caballar. Entre estos, las tierras labradas y los barbechos, los caminos mantenian su huella polvorienta en verano y embarrada en invierno. Pero guardaban una sintonia medioambiental con su entorno, más acorde con el, que las vias de comunicacion alquitranadas. Estas ultimas han variado desde entonces. La carretera actual que conduce a Leon no existia, haciendose el trayecto hasta la capital de provincia por la Infiesta, para unirse al Camino Viejo de Leon, que conectaba en el kilometro 18 de la carretera C-623 que se dirige a Caboalles, entre los pinos de Camposagrado. El actual vial que une la anteriormente citada con la LE-420 que lleva a La Magdalena, fue construida a pico y pala en 1924 por los vecinos de Rioseco, así como el puentecillo de El Espinadal, distribuyendose los tres kilometros aproximados de distancia, en una suerte por cada vecino. Con un par de bueyes y de forma manual se fue haciendo el firme con piedra de La Vallina y del Arroyo. Su alquitranado no se realizo hasta despues de la Guerra Civil, es decir, con posterioridad a 1939.

Desde ese alto de confluencias se bajaba por un camino a la Venta de la Cruz que se dejo de habitar en torno a la decada de los 70 y desde alli hasta El Ferral, que era el camino habitualmente utilizado para llevar o traer los ganados a Leon, haciendo paradas en Villabalter y San Andres donde, al menos los de Tapia, pasaban la noche y cebaban los ganados con el forraje que en sacas era transportado en burros.

La red viaria principal de la zona estuvo determinada hasta principios del siglo XX por las condiciones naturales de un pais agrario de caminos carreteros, invariable ante la poca demanda que hubiese exigido un desarrollo mas contundente, especialmente industrial, pues este sector, como los demas, siempre ha necesitado de buenas comunicaciones. La poca actividad fabril de la zona no llego a requerir tales urgencias, pues unicamente se contabilizan en aquellos tiempos la tejera de La Infiesta en Rioseco, la fabrica de Juan Diez El Cervecero que hacia 1950 tenia en Espinosa unas instalaciones para hacer gaseosas, de las denominadas de pito por disponer una bola en el cuello de la botella o la antigua tejera, ya existente desde 1870, que otro Juan Diez tuvo en produccion durante bastante tiempo.

En consecuencia, el carro, el asno o el caballo fueron los medios de transporte habituales, parcialmente sustituidos por las bicicletas y luego por los coches de linea ya adentrado el siglo XX. Entre tanto, mas ligero fue el trasiego practicado aun en la decada de los 30 del pasado siglo cuando se hacia en caballeria por el llamado Camino Leon, que partia de Rioseco hacia El Ferral, y por el que tambien se trasladaban los ganados cuando se acudia a las ferias capitalinas.

Desde que la locomocion a motor se hizo mas frecuente, hubo algunos coches particulares de viajeros, que funcionaban, a falta de gasolina, con gasogeno. Posteriormente comenzo la línea del llamado Correo, que hacia el trayecto de La Magdalena a Leon. Al poco tiempo, hacia 1926, este servicio dejo de hacer escala en La Magdalena para iniciarlo en Rioseco, continuando por Villanueva de Carrizo y de alli a Montejos, hasta llegar a Leon despues de dos horas de traqueteo. Era un autobus de la marca Hispanosuiza, perteneciente a la empresa Beltran. Cobraba en aquel entonces 3 pesetas, que eran 5 si se hacia el viaje de ida y vuelta. Coetaneos a este transporte, eran los coches de punto, especie de taxi que tuvo Leoncio, de Rioseco, que resultaba mas caro pero mas comodo y para el que habia que pedir plaza el dia anterior a la fecha del viaje. Los mayores del lugar recuerdan la existencia de otro de la marca Valilla, perteneciente a Luisin Fernandez, un tercero, cuya parada estaba en Tapia, de la marca Austin, mas alguno que otro de las marcas Chrysler y Buick, que circularon hacia 1950.

Cuando fue arreglado el camino que se dirigia a Santa Maria de Ordas, el coche de linea de Beltran dejo de pasar por Rioseco. Luego apareceria la empresa Fernandez-San Martin con sus autobuses, cuyo cobrador, por cierto, era el encargado de repartir pueblo a pueblo el correo.

Texto extraido del Libro "Rioseco de Tapia.Etnografia de un municipio Leones" de Joaquin Alonso